La Pacificación del México DESHUMANIZADO

“La Guerra fue ORQUESTADA POR INTERESES de afuera e INSTAURADA POR TRAIDORES de adentro”

Para hablar de pacificación en México debemos reconocer que estamos inmersos dentro de una guerra civil. Los saldos de la violencia en el país han superado la crisis humanitaria de países reconocidos como bélicos. Para dar paso a la reconstrucción de la paz es importante reconocer las causas de la guerra que instauraron contra el pueblo mexicano. Portales informativos, pocos pero con gran seriedad, advirtieron desde la declaratoria que hiciera el espurio Calderón sobre el ‘combate’ al narcotráfico que el país viviría una confrontación armada que dañaría severamente el tejido social. Al iniciar el sexenio de Felipe Calderón, la revista digital “Contralínea” informó sobre un proyecto firmado entre México y Estados Unidos llamado “México 2030”, que detallaba los planes privatizadores en favor del gobierno estadounidense.

En el apartado de seguridad, el documento daba cuenta de la estrategia para empoderar al crimen organizado: entrenar a paramilitares, abastecerlos de armamento e infiltrarlos a los cárteles de la droga. El propósito era desatar un conflicto social que ameritara militarizar al país con pretexto de resguardar la paz social. Estaba calculado que al entregar recursos y tierras habría disidentes que se opondrían a tal entreguismo, de ahí la mayoría de las desapariciones forzadas, los ejecutados endosados al narco y el desplazamiento de comunidades enteras.

 “Los daños colaterales suman la DESHUMANIZACIÓN ante desplazados, desaparecidos y ejecutados”

Cuando el país resintió los primeros efectos de la guerra ‘provocada’, Calderón calificó las masacres como daños colaterales, muchos medios de comunicación fueron cómplices aludiendo a los crímenes con simplistas editoriales como “se matan entre ellos”. Coludidos, el ejecutivo y los medios tergiversaron los catastróficos resultados de la ‘conveniente’ guerra contra el narcotráfico. La sociedad que recibió con estupor los primeros ‘colgados’ fue cediendo su pasmo hasta deshumanizarse ante el exhibicionismo de torturados y después desmembrados. Al final del sexenio los desplazados con violencia por el crimen organizado eran cientos de miles, los desaparecidos sumaban decenas de miles y los muertos rebasaban los 100 mil, mientras las mayorías seguían sus quehaceres sin el menor asombro, mucho menos indignación.

La gravedad del éxito mediático para deshumanizar a la población radicó en la apatía ante las matanzas de ajenos al narcotráfico y al ejército, y que investigaciones periodísticas fueron revelando que se trataban de inocentes desaparecidos por grupos criminales, otros por las fuerzas armadas para luego terminar ejecutados en un sinfín de fosas clandestinas en el peor de los escenarios, mientras que otros miles aún son buscados por sus familiares y amigos. Así fueron sumándose innumerables crímenes de estado como el emblemático Ayotzinapa.

 “La pacificación será reconociendo causas, atendiendo efectos y HUMANIZANDO EL TRATAMIENTO”

La presidencia ‘comprada’ de Peña Nieto agudizó la guerra contra los mexicanos. Se multiplicaron los asesinatos, desapariciones y desplazamientos forzosos al mismo tiempo que se consumaron los proyectos privatizadores en favor de transnacionales. Bastaron 12 años para que los traidores prianistas, en su desenfreno entreguista, convirtieran a México en un cementerio. Conseguir la paz en el  país será una labor titánica… más de 300 mil desplazados, más de 30 mil desaparecidos y más de 250 mil muertos convencieron a más de 30 millones de personas que es impostergable un profundo cambio, sobre todo en materia de seguridad.

Andrés Manuel López Obrador recibe un país hecho añicos y tendrá la responsabilidad de diseñar una estrategia de pacificación que reconozca las causas que originaron la violencia para poder detener la guerra, que atienda los efectos de esta y aporte justicia para las víctimas y que humanice el tratamiento del problema que lleve a México a la reconciliación, al perdón y a la paz. El daño causado por ´la guerra del entreguismo’ es irreparable, pero debe apostarse por la justicia. La propuesta de AMLO, anticipadamente juzgada y mal interpretada, no es descabellada siempre y cuando cumplan a cabalidad lo expuesto desde el inicio: justicia transicional con las víctimas en el centro y amnistía para las otras víctimas, los que delinquen por la pobreza y que no cometieron delitos graves.

Editorial de Hugo Sadh para ‘El México de AMLO’, 13/08/18